Orellana es a la restauración de la capital lo que la catedral al patrimonio malagueño, un elemento indispensable y testigo de numerosas vicisitudes. Orellana ha dejado una huella imborrable en varias generaciones de clientes, por su calidad sin género de dudas y por su cocina tradicional malagueña basada en los pequeños y sabrosos bocados. En este sentido, Orellana es un auténtico templo del tapeo en pleno centro histórico de la capital malagueña. El ejemplo más sintomático de su éxito se revela nada más abrir sus puertas. En poco tiempo las colas se forman en su entrada. Todos quieren degustar una copa de vino andaluz y probar alguna de las 60 tapas distintas que elaboran sus antiguos fogones.
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Su historia arranca durante el conflicto civil allá por 1938. Con anterioridad se llamaba Bar El Chaqueta. Más tarde, tomaría el nombre del apellido de la familia propietaria, es decir, Orellana. Desde entonces no ha dejado de ser un clásico en las rutas gastronómicas de la capital. Además, presume de ser decano en su categoría ya que es el sitio de tapeo más longevo de toda la ciudad.
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