En Orellana parece que los años sientan bien, cada vez mejor. Su cocina se mantiene intacta, repleta de sabores y referencias a Málaga. De su bahía, de la cocina local, de los productos de la tierra. Es un sitio proverbial para degustar el pescaíto frito. Sobre todo los boquerones; aquí exquisitos; la rosada, los calamaritos, el pulpo, las gambas rebozadas o las sardinitas. Es inevitable dejar escapar un suspiro para decir: ¡Aquí huele a sal y playa!”.
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Pero su riqueza no se detiene ahí. Entre sus especialidades destacan las ‘ligeritas” (pequeños bocadillitos rellenos) con sus 15 variedades diferentes, o los famosos ‘Bartolos’ (rosada empanada) o el legendario Colombo (bacalao rebozado). No faltan esos platitos caseros que apetecen antes de comer como los Callos, Caracoles, Albóndigas con Tomate, Hígado al Jerez, Lomo al Jerez, Morcilla de Cebolla, o la Pipirrana de Huevas, por citar algunos. No es extraño que haya perdurado 70 años (los cumplirá en 2008) como un ejemplo honroso del tapeo malagueño de toda la vida.
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